
Imgino que de pequeño me acordaba de mis cumpleaños, no tengo memoria de ello. He sido un niño normal y acordarse de su cumpleaños entra dentro del perfil de niño sin patologías dignas de mención. Pero ya de adulto, cada uno de mis cumpleaños los he recordado cuando a mediodía de la fecha en cuestión recibía en el trabajo la llamada telefónica de mi madre, felicitándome.
Sigo con la misma falta de memoria.
Felicitando a quien se lo merece, recordé que el pasado tres de marzo,
Atisbos cumplió un año de andadura.
Sirva esta entrada como simple constancia de un hecho sin trascendencia.