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26 de junio de 2012

CARPE DIEM, de Saul Bellow


Saul Bellow nació en Quebec, en 1915. Murió en Massachusetts, en 2005. Con el National Book Award y el Pulitzer en su poder, en 1976 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura.
Carpe diem se publicó en 1956.

Creo que en alguna otra ocasión ya se habló del fracaso en este blog. ¿Qué es el fracaso? Este tipo de asuntos hay que afrontarlo de manera pragmática, sin alardes poéticos ni metafóricos, sin definiciones ambiguas o insinuantes. No nos engañemos, el fracaso tiene mucho que ver con lo material. A partir de ahí vienen las secuelas sentimentales, familiares y psicológicos.
Un hombre cercano a los cincuenta, divorciado, en paro, con sobrepeso, dos hijos, ingresos más que escasos, ayuda familiar nula, enfrentado a su padre, exmujer demandadora constante. Para rematar: invertir en bolsa y perder… Esto es el fracaso.

Me repito:
Sólo logro comprender que alguien sea capaz de escribir tan bien aceptando como premisa lo que no es más que el “secreto” de la Literatura: don, talento y muchísimo trabajo. Porque quien, al comienzo de una novela, describa físicamente al personaje protagonista y sea capaz de, al mismo tiempo, descubrir para el lector todo su pasado haciendo entender su presente, todo ello de manera imperceptible, mientras se desliza por las páginas iniciales de la historia, es sencillamente alguien tocado por la fortuna; como quien tiene una voz excelente y la trabaja para cantar: don, talento y trabajo. De esta especie es Saul Bellow.

La historia se centra de manera meticulosa, en Wilhelm, epicentro esencial de todo lo que se cuenta y acontece. A pesar de usar un narrador omnisciente, éste, en muchas ocasiones parece relatar condicionado por su punto de vista. Así, las detalladas descripciones de personajes y paisajes dan la impresión de no ser más que el punto de vista diferido del protagonista. Aunque esto mismo ocurre, con menor peso en el relato, con otros personajes.

Bellow, en los pasajes en que explosiona el clímax de una determinada escena o momento de la historia, utiliza la descripción y el detalle de paisajes y personajes magistralmente, concentrando la atención del lector y metiéndolo de lleno en la trama.

«Entre manteles blancos, cristalería y plata destellante, a través de la intensa luz, la estirada figura del señor Perls se fue alejando hacia la penumbra del vestíbulo. Iba apoyándose en el bastón, y arrastraba un gran zapato ortopédico que Wilhelm no había incluido en su cálculo de males. EL doctor Adler sintió deseos de hablar de él.»

Los diálogos, en ocasiones, llegan a ser arrolladores. Impresiona la profundidad a la que el autor es capaz de sondar en la psicología del protagonista. Porque si bien podemos admitir que hemos dado una definición rácana de lo que es el fracaso, las implicaciones de carácter personal que conlleva son muy graves. El fracaso (o la sensación de haber fracasado) lleva a la degradación de la autoestima y a la desaparición de toda esperanza. A partir de ahí, nada bueno. Sólo llanto.

9 de junio de 2012

VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN, de Antonio Orejudo


Los socios del Círculo de Lectores se comprometen a comprar un libro cada dos meses. Lo correcto sería decir que tenían el compromiso de comprar un libro cada dos meses. Ahora puedes comprar hasta un juego completo de manicura o, incluso, algo escrito por Carlos Ruiz Zafón o Dan Brown. Aquéllo era antes, cuando vendían Literatura. El caso es que hace unos diez años pedí un libro titulado Ventajas de viajar en tren. Para mí que aún no lo había leído.

Esta novela va de un señor que, durante un viaje en tren, cuenta una historia de misterio e intriga, con locos, espías, cambios de identidad, basura y mierda, mucha mierda. Para colmo, cuando iba por la mitad de la historia de mierda, ésta (la historia de mierda) comenzó a sonarme. Me di cuenta de que ya la había leído, aunque no me acuerdo de nada.

Más o menos a esta altura tuve que salir de viaje al mundo exterior y me resultaba indigesto echar este libro en la maleta.

Me llevé Carpe diem. Sólo logro comprender que alguien sea capaz de escribir tan bien aceptando como premisa lo que no es más que el “secreto” de la Literatura: don, talento y muchísimo trabajo. Porque quien, al comienzo de una novela, describa físicamente al personaje protagonista y sea capaz de, al mismo tiempo, descubrir para el lector todo su pasado haciendo entender su presente, todo ello de manera imperceptible, mientras se desliza por las páginas iniciales de la historia, es sencillamente alguien tocado por la fortuna; como quien tiene una voz excelente y la trabaja para cantar: don, talento y trabajo. De esta especie es Saul Bellow.

A lo que estamos. Ventajas de viajar en tren: es corta, se encuentra fácilmente en librerías y, como todos los libros en España, cuesta una cantidad indecente de dinero.

Sentiré un eterno agradecimiento hacia Antonio Orejudo: hizo que por fin leyera al grandísimo Saul Bellow.
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