Esta novela va de un señor que,
durante un viaje en tren, cuenta una historia de misterio e intriga, con locos,
espías, cambios de identidad, basura y mierda, mucha mierda. Para colmo, cuando
iba por la mitad de la historia de mierda, ésta (la historia de mierda) comenzó
a sonarme. Me di cuenta de que ya la había leído, aunque no me acuerdo de nada.
Más o menos a esta altura tuve
que salir de viaje al mundo exterior y me resultaba indigesto echar este libro
en la maleta.
Me llevé Carpe diem. Sólo logro comprender que alguien sea capaz de escribir tan bien aceptando como premisa lo que no es más que el “secreto” de la Literatura: don, talento y muchísimo trabajo. Porque quien, al comienzo de una novela, describa físicamente al personaje protagonista y sea capaz de, al mismo tiempo, descubrir para el lector todo su pasado haciendo entender su presente, todo ello de manera imperceptible, mientras se desliza por las páginas iniciales de la historia, es sencillamente alguien tocado por la fortuna; como quien tiene una voz excelente y la trabaja para cantar: don, talento y trabajo. De esta especie es Saul Bellow.
A lo que estamos. Ventajas de viajar en tren: es corta, se encuentra fácilmente en librerías y,
como todos los libros en España, cuesta una cantidad indecente de dinero.
Sentiré un eterno agradecimiento
hacia Antonio Orejudo: hizo que por fin leyera al grandísimo Saul Bellow.