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27 de enero de 2014

PARÍS, de Mario Levrero



En París encontramos más de lo mismo. Me explico: si esta es la segunda novela de la Trilogía involuntaria, sin duda puede decirse que es digna continuadora de La ciudad. Por tanto, cualquiera podría decir que Levrero se echó a la poca vergüenza y encontró una veta que explotar subido a la chepa de Kafka.
Pero no es así. Si bien es cierto que sigue el mismo patrón que su antecesora, París se sumerge aún más en aquel estado de duermevela que ya dijimos, convirtiéndolo en profundas ensoñaciones que hacen que el lector apenas comenzado a perder la noción de la realidad recupere la cordura, sólo para volver a perderla. De momentos surrealistas a razonamientos lógicos que inmediatamente enlazan con situaciones kafkianas y claustrofóbicas. Un continuo vaivén, un viaje por pronunciados cambios de rasante que despiertan ese emocionante hormigueo en el estómago.

Levrero parece querer gritar pero se contiene. Muestra, la mentira en forma de guerra y religión, la estafa con aspecto de función musical. Al  contrario que en La ciudad, en París la mujer no se esfuma, la sensualidad, cuando no el sexo aparecen en varias ocasiones.

He leído por ahí que este autor se encuadra dentro del grupo de los “raros”. Grupo de escritores uruguayos que no parecen tener una fuente común ni unos herederos determinados. Es decir, escritores cuya forma de escribir comienza y acaba con ellos. Esto me consoló porque sólo puedo transmitir una interpretación muy personal de la historia que he leído. Tal vez si usted lee París vea otra ciudad distinta a la que yo vi.

23 de mayo de 2012

LA CIUDAD, de Mario Levrero


Inducido por uno de mis guías blogueros, David Pérez Vega, he vuelto al hilo de la lectura de un autor hispanoamericano. Un acierto.

Mario Levrero fue un escritor urugayo, nacido en Montevideo en 1940 y fallecido en la misma ciudad en 2004. Aunque muy reconocido en los círculos literarios nunca ha sido escritor de masas ni de medios.

Sensaciones mezcla de realidad y fantasía. Combinación de unos hechos forzosamente reales, cotidianos y unos hechos con apariencia tan real como los primeros pero que de manera ineluctable sabe el lector que son pura imaginación, tal vez sueño, pura quimera. Personajes de comportamiento surrealista y un lugar más insignificante que una pedanía conforman La ciudad.

Partiendo de una situación de una normalidad trivial, el autor va hilvanando escenas y sucesos, enlaza personajes y paisajes. Paredes sudorosas, un reglamento que está presente como una ridícula amenaza, una gasolinera en medio de ninguna parte, pasillos con puertas de acceso prohibido, mujeres que aparecen y desaparecen súbitamente… Una neblina de humedad y misterio envuelve toda la historia, haciendo que el lector tenga sentimientos que van desde el desasosiego hasta el hastío, pasando por la intranquilidad. Pero la historia atrae hasta el final. Así, Levrero mantiene al lector en una continua duermevela.
Ciento noventa y dos páginas que se hacen brevísimas. Así de bien escribe Levrero.
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