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18 de marzo de 2012

NO ES PAÍS PARA VIEJOS (Cormac McCarthy)


Como en Meridiano de sangre y la Trilogía de la frontera, seguimos en el sur de Estados Unidos, frontera con Méjico. Pero esta vez estamos en pleno siglo XXI. Un joven soldador se convierte en víctima de una vertiginosa y más que peligrosa persecución: narcotráfico, mafias, dinero, asesinos profesionales. Y una policía totalmente desbordada por los actos de la nueva delincuencia.
Algo habitual en las novelas de este autor es el realismo en todo aquello que se refiere al Mal. Los finales felices, las victorias sobre los malos no existen. En la vida real tampoco.

McCarthy utiliza un narrador deficiente y abundancia de diálogos, que intercala con monólogos del protagonista. Las escenas de violencia las despacha de improviso, con claridad y concisión, con un ritmo vertiginoso. En algunos momentos disminuye la tensión intercalando escenas narradas con minuciosidad casi obsesiva y compartiendo con el lector el paisaje con descripciones magistrales. Escenas que, por muy intrascendentes que puedan parecer, forman el conocimiento del lector, dejando ver el carácter de los personajes, el ambiente en el que se mueven y cómo se desenvuelven.

«Se quedó allí contemplando el desierto. Su quietud. Rumor de viento en los cables. Ambrosías altas junto a la carretera. Grama y sacahuista. Más allá en las acequias huellas de dragones. Las montañas de roca viva en sombras al último sol de la tarde y hacia el este la reluciente abcisa de la llanura bajo un cielo donde colgaban cortinas de lluvia oscuras como el hollín a todo lo largo del cuadrante. Es un dios que vive en silencio el que ha baldeado la tierra adyacente con sal y ceniza. Volvió al coche patrulla y se alejó de allí.»

Como el personaje del juez en Meridiano de sangre, Chirgurh es la muerte en esta novela (la muerte hace mucho que no lleva guadaña), incansable y pertinaz, sin otra alternativa que la de cumplir con su cometido, definido por un leve gesto que se convierte en decisión de la víctima.

«Lo dice como si dependiera de la moneda, Pero es usted el que elige.
Podría haber salido cara.
La moneda no tiene nada que ver. Depende de usted.
Quizá sí. Pero mírelo desde mi punto de vista. Yo he llegado aquí lo mismo que la moneda. (…)
Yo no tenía voz en este asunto. Cada momento de su vida es un giro y cada giro una elección. En algún momento usted eligió. Lo que vino fue una consecuencia. Las cuentas son escrupulosas. Todo está dibujado. Ninguna línea se puede borrar. En ningún momento he pensado que pudiera inclinar la balanza a su favor. ¿Cómo iba a hacerlo? El camino que uno sigue en la vida raramente cambia y más raramente aún lo hace de forma brusca. Y la forma de su sendero particular era ya visible desde el principio.»

La altísima calidad que mantiene Cormac McCarthy en todas sus novelas lo convierten en una referencia de la literatura estadounidense. Insuperable.

30 de diciembre de 2011

MIS SEIS MEJORES LECTURAS DEL AÑO 2011

Aún he leído menos que el año pasado. Si pongo en la lista unos pocos libros más enumero al completo mis lecturas del año 2011. Me dejo de lloriqueos y relaciono la lista de mis seis mejores lecturas del año.
1ºZAMA, de Antonio di Benedetto.
2ºLOS HERMANOS TANNER, Robert Walser.
3ºCIUDADES DE LA LLANURA, de Cormac McCarthy.
4ºDOCTOR GLASS, de Hjalmar Soderberg.
5ºSUITES IMPERIALES, de Bret Easton Ellis.
6ºHOMO FABER, de Max Frisch.
                      

14 de julio de 2011

CIUDADES DE LA LLANURA (Cormac McCarthy)


Termino la trilogía de la frontera con Ciudades de la llanura.
He dejado transcurrir demasiado tiempo entre las lecturas de cada novela de esta serie. Por mi experiencia puedo asegurar que lo ideal es leerlas de manera consecutiva porque si bien entre la primera y segunda novelas no hay un hilo conductor, ambas convergen en la tercera.
Dicho lo anterior, es lógico deducir que los libros primero y segundo de la trilogía pueden leerse de manera independiente, sin embargo el tercero conlleva mayor entendimiento si su lectura ha sido continuación inmediata de los otros dos.

Es este un escritor que me gusta. A pesar de contar historias de extraordinaria dureza, deja traslucir una sensibilidad muy primaria y, por ello, sobrecogedora. Además su escritura, por el tono de la narración, arrastra de modo imperceptible cierta melancolía, inevitablemente poética. En ocasiones, leyendo a este autor no puedo evitar acordarme de Alfonso Grosso, mi escritor favorito. Tal vez por eso me atrae tanto Cormac McCarthy.
Descripciones creíbles de situaciones extremas que rara vez puede experimentar el lector. Se agradece que a pesar de la dureza, se muestre el dolor como algo feo, cruel, injusto, insoportable. Como lo que es. Nada de aspavientos, ni poses dramáticas con gestos y manos crispadas. Mccarthy recrea el ambiente con tal dominio que un «Dios mío» es suficiente para transmitir de manera estremecedora el dolor inconsolable del protagonista.

«Un hombre bajaba por la carretera conduciendo un asno cargado hasta arriba de leña. A lo lejos las campanas habían empezado a doblar. El hombre le sonrió con una sonrisa astuta. Como si ambos compartieran un secreto, el hombre y él. Algo sobre la vejez y la juventud y sobre sus reclamaciones, y lo justo de éstas. Y sobre lo que pudiera reclamárseles a ellos. El mundo pasado, el mundo por venir. Su transitoriedad común. Y por encima de todo el profundo conocimiento de que belleza y pérdida son una misma cosa.»

El final cierra la trilogía de la frontera con la desaparición del mundo que dio nacimiento a los protagonistas, décadas después del final de la historia.

Termina la lectura con esta dedicatoria:
«I will be your child to hold
And you be me when I am old
The world grows cold
The heathen rage
The story’s told
Turn the page
»

30 de diciembre de 2010

LOS SEIS MEJORES LIBROS RESEÑADOS EN 2010

Durante el año 2010 he leído menos de lo que hubiera querido. Bien está lo que hay. Estos son, sólo según mi criterio, mis seis mejores lecturas de este año que, a la fecha de esta entrada, acaba en breve.
1º LA CARRETERA, de Cormac McCarthy.
2º MERIDIANO DE SANGRE, de Cormac McCarthy.
3º AMERICAN PSYCHO, de Bret Easton Ellis.
4º LAS COSAS DEL CAMPO, de José Antonio Muñoz Rojas.
5º FAHRENHEIT 451, de Ray Bradbury.
6º HOGUERAS EN LA LLANURA, de Shoei Ooka.

27 de septiembre de 2010

EN LA FRONTERA (Cormac McCarthy)


Vuelvo a los dominios de McCarthy, esta vez a los años treinta del siglo XX, a la frontera entre Méjico y Nuevo Méjico, y otra vez, tras leer la última línea, cierro el libro conmocionado.
En la frontera es el segundo volumen de la trilogía de la frontera y, según mi criterio, es mejor novela que Todos los hermosos caballos. Posee mayor complejidad en la trama y mayor profundidad en la historia.
Quedo conmocionado porque McCarthy te hace caminar junto a sus personajes. Ves como se sorben los mocos, como sacuden el sombrero lleno de polvo o como avivan los rescoldos de la candela. Respiras el olor a palo quemado humedecido por el relente del amanecer, hueles el sudor de los caballos y sientes en la palma de la mano el temblor de sus flancos.
McCarthy es el escritor de los detalles ínfimos. A la vez que destaca el gesto más trivial, la mirada más silente, el detalle más prosaico, es capaz de envolvernos en el inabarcable paisaje de la montaña y el desierto, de hacer partícipe de la historia al cielo oscuro y salpicado de la noche.
Al mismo tiempo que nos narra la majestuosa presencia del lobo, el instinto de supervivencia convertido en inteligencia, nos muestra la limitación del ser humano en un medio tan adverso como la naturaleza. Al mismo tiempo que nos presenta personajes con una integridad y una honestidad casi innatas, aparecen en su relato la maldad y el odio más inexplicables. El desprecio de la vida como algo trascendente. Vivir al instante, sin respeto a nada ni a nadie, sin posibilidad si quiera de respetarse a sí mismo. La desesperanza y la tristeza asumidas como algo intrínseco de la propia vida.
La historia que McCarthy nos narra En la frontera es de una belleza espectacular, a ello hay que añadir la cantidad de acontecimientos que el autor narra con su habitual estilo, minucioso en el gesto, conciso en el diálogo y poético en la descripción de los paisajes.
El protagonista de la novela es un personaje solitario que en su deambular se cruza con gente sola y solitaria. Cuando regresa a casa, junto a su familia, lo ocurrido le hace comprender que lo mejor de la vida es la normalidad, que la vida es sólo una sucesión más o menos monótona de hechos triviales e intrascendentes. Que cuando la normalidad es sustituida por lo extraordinario sólo queda enfermedad, violencia y podredumbre.
Al final la soledad.
No obstante, con independencia de todo lo sucedido, al amanecer saldrá el mismo sol para todos, sin distinción.

27 de junio de 2010

TODOS LOS HERMOSOS CABALLOS (Cormac McCarthy)


Lo cierto es que otra vez acabo de leer una novela del Oeste.
Hasta que llegué a las novelas de McCarthy nunca había leído novelas sobre vaqueros del Lejano Oeste. Tal vez Los invictos de William Faulkner, que leí hace años, podría encajar en el género.
Este tipo de historias siempre las he relacionado con Marcial Lafuente Estefanía y con un señor que viste ropa de faena manchada de cemento o escayola, sentado en la parada del autobús con un canasto a sus pies, leyendo un pequeño libro de bolsillo cuya portada es el dibujo de un sheriff que desenfunda su Colt para disparar contra un malvado asesino que, entre sus altas botas, se ve a lo lejos.
La historia que se narra en Todos los hermosos caballos es bastante convencional, con independencia de los detalles propios del argumento y de la excelente elección de personajes. Ya dijo García Márquez que sólo se escribe sobre tres temas y sólo sobre tres temas: la vida, el amor y la muerte.
La novela engancha. Los personajes, aunque con personalidades muy bien definidas, no permiten que se anticipe ninguna de sus acciones, lo que provoca inevitablemente que el lector fije su atención en cada párrafo.
Además McCarthy narra con una habilidad de genio. Con leves y sutiles detalles, que apenas se perciben en la lectura continuada de la historia, nos hace creíble la trama y y habitable el paisaje.
“Ensillaron los caballos y ofrecieron pagar la comida al hombre pero él frunció el ceño y les despidió con un ademán y después de estrecharse otra vez las manos les deseó buen viaje y ellos montaron y cabalgaron hacia el sur por la senda llena de baches. Un perro les siguió durante un rato y luego se quedó observándolos.”
Uno de los pasajes de mayor maestría es la narración, con diálogo incluido, de una partida de billar entre dos de los personajes.
El protagonista es nuevamente una persona desarraigada, que cuando encuentra un motivo para establecerse en un determinado lugar, los prejuicios, la corrupción y las casualidades, le obligan a seguir una vida ambulante.
En Todos los hermosos caballos las descripciones del paisaje no son tan abundantes como en Meridiano de sangre ni tan esenciales en el desarrollo de la trama, sin dejar de ser parte importante. Las charlas de algunos personajes son algo más extensas que en otras novelas de este autor pero el protagonista mantiene ese diálogo seco, tajante y breve tan propio de la escritura de McCarthy. De hecho, se puede decir que el joven protagonista habla más con su montura que con las personas.
“… y él le hablaba mientras cabalgaba y le decía cosas del mundo que eran ciertas en su experiencia y le decía otras que podían ser ciertas para ver cómo sonaban al decirlas.”
Me resultó curioso, cuando en un momento determinado de la historia un personaje se marca un largo e interesante monólogo, percibir cómo el autor no puede evitar destapar su interés por Méjico y el conocimiento que posee de este país, escenario de gran parte de su obra literaria.
Cerca del final se narra el encuentro con unos niños mejicanos. De nuevo McCarthy sorprende con la capacidad de plasmar una ternura infantil, palpable, creíble, reflejada tan sólo con el diálogo. De nuevo, como en Meridiano de sangre, el autor encauza el final de la historia con la aparición de unos niños. Éstos parecen ser el aglutinante de todo lo ocurrido, los que con sus preguntas y respuestas permiten al lector tomar aire y hacer recuento de cada hecho y sus consecuencias.
Aquí sí, cerca del final, el paisaje vuelve a tener fuerza, vuelve a mostrarse como lo único que permanecerá, como nuestra conexión con el universo, al que todo pertenece. Así quedamos a la espera de la próxima novela de la trilogía:
“Cabalgaba con el sol cubriéndole la cara de cobre y el viento rojo soplando del oeste sobre la tierra crepuscular y los pequeños pájaros del desierto volaban gorjeando entre los helechos secos, y caballo, jinete y caballo pasaban de largo y sus largas sombras pasaban en tándem como la sombra de un solo ser. Pasan y palidecían en la tierra oscurecida, el mundo venidero.”

8 de abril de 2010

MERIDIANO DE SANGRE (Cormac McCarthy)


Tengo entendido que a la fecha de escribir esta reseña, está en proyecto, o rodándose, una película basada en esta novela. Desde ya me arriesgo aventurar que ni de lejos se acercará al contenido literal de la historia.
El autor lanza la historia con una concisa biografía de un joven de dieciséis años. Y en las trece primeras páginas ocurren más cosas y se hallan más emociones que en muchas novelas de trescientas.
La violencia como algo cotidiano, como parte fundamental en la existencia, en el sentido de la vida. McCarthy relata sin alardes, sin emoción, de manera aséptica, situaciones de una violencia inimaginable. Nos hace recordar que la violencia incontenible e incomprensible se funde con la naturaleza sin que ésta se inmute. Porque vida, belleza, violencia y muerte forman parte del mismo universo.
La narración se recrea en los paisajes y la psicología, a veces primaria, de los personajes. Descripciones extensas y poéticas del Desierto de Sonora se intercalan con escenas de muerte y angustia. Los diálogos son cortos, escuetos y de una precisión desconcertante.
El lector prevé un relato lineal de las aventuras del joven. Pero curiosamente durante gran parte de la novela es protagonista explícito de la narración. Desaparece de escena mientras se narran las peripecias de los personajes secundarios; sin embargo siempre lo tenemos presente, hasta que nuevamente aparece como personaje principal sin que en ningún momento lo hubiéramos echado de menos o su ausencia hubiera resultado incongruente en la estructura narrativa.
Digno de mención es el personaje del juez. A mi entender, verdadero protagonista de la novela. El juez es la muerte. Es la elección irrenunciable que devora a sus partidarios. Si participas en su juego y te bañas en sangre, te pedirá el pago de la deuda. Y nada, nada que no sea pagar, vale. Quien a hierro mata a hierro muere.
Tal vez algunos pasajes introspectivos de los pensamientos e ideas del juez se hagan más complejos y difíciles de entender a primera lectura. Pero Cormac McCarthy tiene el don de los grandes narradores. Ese don hace que, mientras vas leyendo, te des cuenta de que una extraña atracción provoca que no quieras parar de leer.

16 de febrero de 2010

LA CARRETERA (Cormac McCarthy)


Cormac McCarthy nació el año 1933 en la ciudad de Providence (Rhode Island). Se trata de un escritor rodeado de cierto enigma y misterio, principalmente porque no se prodiga en apariciones mediáticas ni concede entrevistas, para mayor gloria, aún, de Oprah Winfrey.
La carretera es una novela excelente. Punto… y seguido. Elegida la historia, el paisaje, el ambiente y sus protagonistas, el siguiente paso (y tal vez el más difícil) es elegir el narrador. McCarthy usa el narrador deficiente, muy cinematográfico él, y no sólo acierta de lleno con su elección sino con su manejo, haciéndolo partícipe directo de la propia historia. Aunque es justo decir que la rigidez que exige este tipo de narrador hace flaquear a todo autor que lo usa y Don Cormac no es una excepción. Es decir, que tarde o temprano acaba apareciendo el narrador omnisciente en algún pasaje de la novela.
Si en ocasiones se elogia la capacidad del escritor para hacer pasar desapercibido el estilo utilizado en la narración, este libro es la oportunidad para elogiar a un autor por todo lo contrario; el lenguaje y el estilo son tan protagonistas como los personajes de la novela.
Antes de continuar, es digno de mención el trabajo sensacional del traductor Luis Murillo Fort.
Un padre y su hijo (el hombre y el chico) sobreviven en un mundo apocalíptico en el que no hay colores; bueno sí, sólo un color: el gris de la ceniza que lo tiñe todo. Gris: los árboles, los ríos, el mar.
Las descripciones de escenas y paisajes se realizan con frases cortas y telegráficas, pero curiosamente no se echa en falta nada más. Los diálogos se deslizan en medio de la narración, sin solución de continuidad y sin hacer uso de las habituales normas de puntuación; además su contenido es escueto, seco, breve. Todo ello nos hace ver con mayor claridad la vida miserable y el horror del mundo en que se desarrolla la novela.
“A media tarde empezó a nevar otra vez. Vieron cómo los copos de color gris claro descendían de la primera y taciturna oscuridad. Siguieron adelante. Una frágil capa de nieve líquida formándose en la oscura superficie de la carretera. El chico se rezagaba a cada momento y el hombre se detuvo para esperarlo. No te separes de mí, dijo.
Andas demasiado deprisa.
Iré más despacio.
Continuaron.
Otra vez no me hablas.
Estoy hablando.
¿Quieres que paremos?
Yo siempre quiero parar.
Hemos de tener más cuidado. Yo he de tener más cuidado.
Ya lo sé.
Pararemos, ¿vale?
Vale.
Sólo hace falta encontrar un buen sitio.
Vale.
”
A lo largo de la novela (sólo en un par de ocasiones) el protagonista interviene, reflexionando ante el lector. La voz del personaje aparece de repente intercalada entre narración y diálogos, como una voz ajena pero que oímos justo ahí, en el centro de nuestro cráneo, como una alucinación.
A pesar de la sequedad de los diálogos, éstos dejan entrever, de modo increíble, ternura y amor entre padre e hijo. El único rasgo humano entre tanta desolación, tanto desastre y tanta muerte.
“Cuando se dedicaba a mirar cómo dormía el chico había momentos en los que empezaba a sollozar sin poder controlarse pero no por la idea de la muerte. No estaba seguro de cual era el motivo pero pensaba que tenía que ver con la belleza o con la bondad. Cosas en las que ya no podría pensar de ninguna de las maneras.”
Sólo un “pero”: el diálogo final entre el hombre y el chico. Dadas las circunstancias de toda la historia, peca tal vez de meloso. Imagino al editor usando todos los medios a su alcance para persuadir a McCarthy de que un final luminoso vende más que un final gris. Te prometo que si cambias el final te consigo el Premio Pulitzer, dijo.
Vale.
Y así, la esperanza sigue viva en medio de la ceniza.
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