23 de mayo de 2012

LA CIUDAD, de Mario Levrero


Inducido por uno de mis guías blogueros, David Pérez Vega, he vuelto al hilo de la lectura de un autor hispanoamericano. Un acierto.

Mario Levrero fue un escritor urugayo, nacido en Montevideo en 1940 y fallecido en la misma ciudad en 2004. Aunque muy reconocido en los círculos literarios nunca ha sido escritor de masas ni de medios.

Sensaciones mezcla de realidad y fantasía. Combinación de unos hechos forzosamente reales, cotidianos y unos hechos con apariencia tan real como los primeros pero que de manera ineluctable sabe el lector que son pura imaginación, tal vez sueño, pura quimera. Personajes de comportamiento surrealista y un lugar más insignificante que una pedanía conforman La ciudad.

Partiendo de una situación de una normalidad trivial, el autor va hilvanando escenas y sucesos, enlaza personajes y paisajes. Paredes sudorosas, un reglamento que está presente como una ridícula amenaza, una gasolinera en medio de ninguna parte, pasillos con puertas de acceso prohibido, mujeres que aparecen y desaparecen súbitamente… Una neblina de humedad y misterio envuelve toda la historia, haciendo que el lector tenga sentimientos que van desde el desasosiego hasta el hastío, pasando por la intranquilidad. Pero la historia atrae hasta el final. Así, Levrero mantiene al lector en una continua duermevela.
Ciento noventa y dos páginas que se hacen brevísimas. Así de bien escribe Levrero.

17 de mayo de 2012

Ha muerto Carlos Fuentes


Hasta que leí La muerte de Artemio Cruz me parecía inaudito que alguien se atreviera a escribir gran parte de una novela en segunda persona.
Hasta que oí a Carlos Fuentes decir que cada Semana Santa, sus ejercicios espirituales consistían en leer el Quijote, no caí en la cuenta de tener una lectura recurrente cada año. Cosa muy saludable.
Hasta que no supe de Gringo Viejo (lectura pendiente, aún) nunca me planteé que, aunque no se sabía nada al respecto, se podía imaginar cómo fue la desaparición de Ambrose Bierce.
Descanse en paz el genio. Nos queda su obra.

14 de mayo de 2012

DESMONTANDO A POLI. Homenaje a Hipólito G. Navarro en la Feria del Libro de Sevilla


Mi opinión sobre el cuentista Hipólito G. Navarro ya la he dado en varias ocasiones, en este blog y en otros lugares. Así que no la repito porque correría el riesgo de que empezaran a calificarme como fan patológico.

El pasado sábado 12 de mayo, en la Feria del Libro de Sevilla, se rindió un agradable y breve homenaje a este autor (lo bueno si breve, dos veces bueno), en el que participaron, con su presencia o con sus cartas, escritores y editores amigos. Asistieron familiares y más amigos, además de un aceptable número de admiradores que andábamos por allí.

Tras una acto como este uno vuelve a casa emocionado con la experiencia de haber estado entre un numeroso grupo de personas que no sólo saben leer sino que leen a Hipólito G. Navarro y lo aprecian como persona.

18 de abril de 2012

EL TIEMPO ES UN CANALLA (Jennifer Egan)


Jennifer Egan nació en Chicago en 1962. Es autora de varias novelas, cuentos y ensayos. Con El tiempo es un canalla ganó el Premio Pulitzer 2011.

Una buena novelista cercana a los cincuenta, los componentes de un grupo de rock, un productor musical, unos estudiantes disolutos y el tiempo, tiempo a espuertas, elipsis van y analepsis vienen. Estos son los ingredientes de esta interesante novela, dicho sea en el aspecto técnico. Porque la historia no cuenta nada que no se haya dicho en otras miles de novelas contemporáneas. Al final todo esto de la literatura del siglo XXI va a consistir en contar lo mismo millones de veces con el único aliciente de encontrar quien lo escribe mejor. Y es que el argumento de El tiempo es un canalla me ha recordado mucho a la famosa novela Libertad, de Franzen (reseñada en este blog).

Esto de vivir en la zona rica del planeta acaba poniendo de los nervios: la crisis de los cuarenta suele desembocar en el divorcio. Pero parece ser que llegados a los cincuenta existe otra crisis que estriba en contar la vida de uno y sus amigos desde la época universitaria porque antes de eso todas las vidas son idénticas. Así que si sabe escribir decentemente puede intentar que le publiquen una novela con la historia de sus amigos de generación; otra historia más de lo mismo. Escríbase bien, que destaque, que sobresalga porque de lo contrario aburrirá a las ostras, recuerde que miles de novelistas antes que usted ya escribieron sobre lo mismo exactamente y muchos de ellos muy bien.

He leído la novela con interés, no se hace pesada. La narración es amena y el lector se desliza por la historia sin esfuerzo. La autora maneja a la perfección uno de los recursos más importantes de una novela: los detalles.
Como nunca hablo del argumento y mucho menos lo destripo, poco más tengo que decir de esta novela. Si acaso que los protagonistas están muy bien formados y que el cambio o evolución de sus personalidades se plasma fácilmente con la difícil técnica de usar el tiempo con maestría. Una cosa por la otra.

Hay gente a la que le encanta el cine y no le gusta especialmente el género del oeste. Ahora bien, a pesar de ello debe reconocer que Sin perdón, de Clint Eastwood es una obra maestra.
El tiempo es un canalla es una buena novela, aunque (a mí) la historia que cuenta no me transmite nada nuevo digno de mención, sí su manera de contarla aunque a veces peque de no saber (o no poder) ocultar sus ansias de hacer algo nuevo.

8 de abril de 2012

MADRID. EL ADVENIMIENTO DE LA REPÚBLICA (Josep Pla)


Durante unas vacaciones, un amigo de Beguiristán me contó que andaba por ahí un librito muy interesante de un tal Sergei Volkov, compatriota suyo. En él, a modo de diario el tal Volkov cuenta sus vivencias en la capital de su país durante los días en que se proclamó la I República. El libro en cuestión se titula Kadril. El advenimiento de la República.
Mi amigo hablaba maravillas del libro y de su autor. Así que me lo recomendó con la intención de que conociera mejor su país, su historia reciente y parte importante de sus protagonistas. Y como me parecía milagrosa la coincidencia de ambas lecturas, estuve a punto de hacer lo propio con el libro de Josep Pla, Madrid. El advenimiento de la República, convencido de que le serviría para entender buena parte del siglo XX español.
Aún hoy no soy capaz de encontrar los motivos que me llevaron a no recomendarle el libro de Pla. Pero no me arrepiento lo más mínimo porque leyendo el de Volkov no me enteré de la misa la media. Nombres y más nombres que no conocía de nada. Y otra vez más nombres. A pesar de estar muy bien escrito el autor daba por conocidos los personajes que plagaban la narración. Me di cuenta de que para entender Kadril. El advenimiento de la República, debía conocer antes la historia de Beguiristán. Y la verdad, si a un español de a pie le importa poco la historia de Beguiristán, imaginen a un señor de aquellas tierras lo que puede importarle la historia de aquí como para tener que estudiarla y así poder leer un librito de ciento setenta y tres páginas.

En Madrid, el advenimiento de la República aparecen Cambó, Miguel Maura, Juan March, Azaña, Eugenio D’Ors, Lerroux, Francisco de Cossío, Alcalá-Zamora… Todos ellos personajes totalmente desconocidos para mi amigo. El libro está escrito con gracia e inteligencia, es una lectura entretenida y describe los hechos de manera concisa y sin maniqueísmos, tal vez por utilizar la mejor herramienta que un contemporáneo puede usar para evitarlos: no profundizar demasiado.
Y es que Madrid, el advenimiento de la República es una crónica política escondida detrás de un diario, destinada a aquellos que leían la prensa y estaban al tanto de los contoneos políticos del momento.
Hoy, sólo los que conocemos la Historia de España podemos disfrutar de este libro de Pla. Es decir, pocos.

«Esta semana de la quema de conventos ha habido en Madrid cuatro corridas de toros en la plaza grande y una o dos corridas de novillos en la plaza de Tetuán. Todo ha ido admirablemente. Mucha gente.
         En esta tierra puede ocurrir cualquier cosa, incluso algo muy grave, el acontecimiento más sensacional, uno de aquellos acontecimientos que en otro país preocupan durante mucho tiempo y en los que, al cabo de poco de producirse, buena parte de la gente toma primero un aire de suficiencia, luego de real o fingida indiferencia, para acabar glosando la última ocurrencia del momento. No creo que exista en el mundo imaginación suficiente para describir las dimensiones que tendría que tener una desgracia o un simple hecho como para llegar a interesarnos de verdad durante un tiempo prolongado.»

Poco después de haber escrito esto, tuvo Pla (como todos los españoles del momento) en la yema de sus dedos una desgracia a la que dedicaron poco menos de tres años de continuado interés.

18 de marzo de 2012

NO ES PAÍS PARA VIEJOS (Cormac McCarthy)


Como en Meridiano de sangre y la Trilogía de la frontera, seguimos en el sur de Estados Unidos, frontera con Méjico. Pero esta vez estamos en pleno siglo XXI. Un joven soldador se convierte en víctima de una vertiginosa y más que peligrosa persecución: narcotráfico, mafias, dinero, asesinos profesionales. Y una policía totalmente desbordada por los actos de la nueva delincuencia.
Algo habitual en las novelas de este autor es el realismo en todo aquello que se refiere al Mal. Los finales felices, las victorias sobre los malos no existen. En la vida real tampoco.

McCarthy utiliza un narrador deficiente y abundancia de diálogos, que intercala con monólogos del protagonista. Las escenas de violencia las despacha de improviso, con claridad y concisión, con un ritmo vertiginoso. En algunos momentos disminuye la tensión intercalando escenas narradas con minuciosidad casi obsesiva y compartiendo con el lector el paisaje con descripciones magistrales. Escenas que, por muy intrascendentes que puedan parecer, forman el conocimiento del lector, dejando ver el carácter de los personajes, el ambiente en el que se mueven y cómo se desenvuelven.

«Se quedó allí contemplando el desierto. Su quietud. Rumor de viento en los cables. Ambrosías altas junto a la carretera. Grama y sacahuista. Más allá en las acequias huellas de dragones. Las montañas de roca viva en sombras al último sol de la tarde y hacia el este la reluciente abcisa de la llanura bajo un cielo donde colgaban cortinas de lluvia oscuras como el hollín a todo lo largo del cuadrante. Es un dios que vive en silencio el que ha baldeado la tierra adyacente con sal y ceniza. Volvió al coche patrulla y se alejó de allí.»

Como el personaje del juez en Meridiano de sangre, Chirgurh es la muerte en esta novela (la muerte hace mucho que no lleva guadaña), incansable y pertinaz, sin otra alternativa que la de cumplir con su cometido, definido por un leve gesto que se convierte en decisión de la víctima.

«Lo dice como si dependiera de la moneda, Pero es usted el que elige.
Podría haber salido cara.
La moneda no tiene nada que ver. Depende de usted.
Quizá sí. Pero mírelo desde mi punto de vista. Yo he llegado aquí lo mismo que la moneda. (…)
Yo no tenía voz en este asunto. Cada momento de su vida es un giro y cada giro una elección. En algún momento usted eligió. Lo que vino fue una consecuencia. Las cuentas son escrupulosas. Todo está dibujado. Ninguna línea se puede borrar. En ningún momento he pensado que pudiera inclinar la balanza a su favor. ¿Cómo iba a hacerlo? El camino que uno sigue en la vida raramente cambia y más raramente aún lo hace de forma brusca. Y la forma de su sendero particular era ya visible desde el principio

La altísima calidad que mantiene Cormac McCarthy en todas sus novelas lo convierten en una referencia de la literatura estadounidense. Insuperable.

9 de marzo de 2012

MI SUICIDIO (Henri Roorda)


Henri Roorda nació en Lucerna, en 1870. Fue profesor de matemáticas y ensayista de cierto renombre en su época. Mi suicidio es un librito de cincuenta y ocho páginas en el que explica los motivos que le llevaron a quitarse la vida en noviembre de 1925.

En fin, los hay que sienten la insuperable necesidad de suicidarse cuando llevan escritas miles de páginas sobre lo divino y lo humano y los hay, como Roorda, que se suicidan por motivos puramente materialistas, lo que no da para mucha literatura, tal vez para cincuenta y ocho páginas.
No quiero parecer irrespetuoso. El suicidio es algo tremendamente doloroso y toma un aspecto más tétrico cuando alguien intenta explicar los motivos de manera cuerda e inteligente.

«Pero escribo este último librito para explicarme. Y lo hago también para protestar de antemano contra la severidad con la que seré juzgado. Siento la necesidad de defender al Individuo egoísta frente a las exigencias de la Moral

Efectivamente Roorda intenta justificarse con argumentos livianos, superfluos, materialistas, como ya dije. Bien sabe que merece ser juzgado no con mucha benevolencia, en el mejor de los casos. Puestos en lo peor, podría no ser leído y ser ignorado. Contra la severidad en el juicio sólo puede esgrimir el egoísmo como derecho supremo para acabar con la vida propia. Eso es hacer trampa.

«Mi suicidio será severamente juzgado. Pero ya que considero que en su inmensa mayoría los hombres son seres mediocres y poco inteligentes, ¿qué importancia debo conceder a la opinión pública?»

Con independencia del desprecio que quien suscribe pudiera merecerle a Henri Roorda, lo más impresionante de este libro es sentir en sus páginas la convicción del autor de que no hay alternativa al suicidio, la absoluta seguridad con que se enfrenta al desenlace.
Sin entrar en pormenores psicológicos, lo cierto es que cualquiera que deje rastro escrito de los motivos que le mueven a cometer suicidio, se arriesga a descubrir ante los demás la depresión y las carencias afectivas que lo han llevado a tomar esa decisión irrevocable.

Tal vez el lector esperase algo de romanticismo, algo poético previo a la despedida definitiva. Pero Roorda es pragmático, fiel a la más fría realidad. Es honesto, hay que reconocerlo. Los motivos que suelen llevar al suicidio pueden ser muy egoístas.

«Algunos amigos han venido de nuevo a ofrecerme ayuda y curación. Los he rechazado pues sé muy bien que nada podría librarme de los deseos, de las imágenes y de los pensamientos que ocupan mi espíritu desde hace cuarenta años.»

5 de marzo de 2012

CADA LOCO CON SU TEMA


Tengo interés en leer el último Premio Pulitzer. Se trata de A visit from the Goon Squad, de Jennifer Egan. En España se ha publicado como El tiempo es un canalla.
¿Saben cuánto cuesta cada edición en Amazon?
Edición USA: 5,10 euros
Edición Sinde-Wert: 19,00 euros.
Por supuesto hablamos de la misma calidad de edición: tapa blanda reforzada.

El calificativo que esto merece me lo aguanto, cuando menos merece la pena decir que esto es una vergüenza.
Beneficio para el autor: 1,9 euros por libro vendido.
Beneficio para la Hacienda Pública por IVA: 0,76 euros por libro vendido.

Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas.
¡DEROGACIÓN YA!
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