10 de febrero de 2010

LAS COSAS DEL CAMPO (José Antonio Muñoz Rojas)


José Antonio Muñoz Rojas nació en Antequera (Málaga) en 1909. Poeta, ensayista y experto conocedor de la poesía inglesa, tradujo al español a John Donne o William Wordsworth, entre otros. Premio Nacional de Poesía en 1998 por su libro Objetos perdidos, obtuvo además el IX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2002.
En 1951 publica su obra en prosa más conocida: Las cosas del campo, referencia indispensable de la literatura del siglo XX en lengua española y de la que Dámaso Alonso apuntó: “Has escrito, sencillamente, el libro de prosa más bello y más emocionado que yo he leído desde que soy hombre.”
Hace poco, estando en la presentación de la novela de un amigo, charlando con gente que asistía al acto, se pidió la recomendación de algún libro de prosa poética. Me vino a la cabeza la inminente lectura de Las cosas del campo, pero como sólo lo conocía de oídas no me atreví a nombrarlo.
Admito que sé de poesía lo mismo que de vino: cualquiera puede distinguir un vino excelente de uno mediocre. Sólo se necesitan papilas gustativas. Pues con la poesía me ocurre algo parecido. La poesía sostenida por el talento, la cultura y el lenguaje no necesita de más conocimiento técnico que sentir cuando se lee. Ella sola te hace estremecer, como quien recibe una sacudida y despierta de un sueño profundo.
José Antonio Muñoz Rojas plasma el campo en un pequeño libro de poco más de cien páginas. El campo, la naturaleza, aglutinada en tamaño tan escaso pero expuesta al lector con tal perfección, sólo puede ser obra de un genio del lenguaje y la poesía.
El ritmo de la vida rural acompasado por el experto conocimiento de cada estación, cuyo nacimiento barrunta el brote de una flor o la llegada al lugar de algún pequeño pájaro. El carácter de cada árbol, que, como el de las personas o los mismos animales, es distinto y así florece, pues no nace igual la flor de la tímida higuera que la del joven manzano.
Y la gente del campo. Miguelillo el pavero; huérfano. La temporada de los zorzales ha terminado con la aceituna. Hoy no ha comido.
Narciso el cantor. Con este nombre, madre ¿cómo no voy a cantar?
Las amazonas. Más propias de un rancho americano del siglo XIX. Siempre armadas y cabalgando de noche. El Estado es un engaño de unos cuantos para sacar dinero a los infelices.
Y Juanillo, y los hombres del campo. Y los jaramagos y la matalahúga. Las nubes y los álamos blancos. El verano, el ojiblancar y las abejas.
Toda una experiencia. Un libro de viajes, de reposo, de aventuras. Un descanso para el alma que así, a pequeños sorbos, se mantiene viva.
Si les preguntan por un libro de prosa poética, ya saben: Las cosas del campo.

31 de enero de 2010

EL CAMINO (Miguel Delibes)


La inminente partida hacia la ciudad, para continuar los estudios, de un niño de once años, es el inicio de esta entrañable novela. A partir de ahí ocurre lo que tiene que ocurrir cuando gente con talento se dedica a contar historias escritas: pasan cosas, te diviertes, te ríes, te apenas… Porque todo está bien contado y expresado con ingenio.
La vida de un pequeño pueblo castellano, que se supone debería ser aburrida y monótona, es el escenario de una sucesión de aventuras y desventuras protagonizadas por unos personajes muy divertidos y retratados de manera excepcional. El recuerdo del niño nos mete de lleno en las vivencias del pequeño pueblo y nos sitúa en medio de una serie de sucesos que bien podrían estar entre Las aventuras de Tom Sawyer y las de Don Quijote, sin ser ni querer ser unas u otras. Esta novela nos hace reír del mismo modo que nos provoca tristeza o intranquilidad, pues Delibes consigue retratar la vida cotidiana de manera sencilla, sin alardes ni piruetas dramáticas.
El lenguaje de la novela es llano, impregnado de aroma rural, pero riquísimo en su vocabulario y elegante y certero en las expresiones y giros.
Los recuerdos del pequeño protagonista se convierten en un cúmulo de lecciones aprendidas que, sin percibirlo, le abren al conocimiento del mundo real: el descubrimiento del verdadero significado del amor de su madre, la sensación irracional que se siente al enamorarse de alguien que es inalcanzable, aprender el significado de la fuerza bruta frente a la inteligencia, el valor de la jerarquía en la relación con los demás, las extrañas reglas de los adultos que sin motivo justificado deben respetarse, percibir el miedo a dejar la seguridad del pueblo, apreciar por vez primera el paisaje que le rodea sin haber sido consciente hasta ese momento, el descubrimiento del verdadero amor en la persona que menos se espera…
Y como para morir sólo hay que estar vivo, la muerte cierra el paréntesis de recuerdos y devuelve a la realidad al protagonista y al lector.
Hemos llegado donde la Vida nos ha permitido llegar. Nadar en el rápido manteniéndonos a flote nos hace creer que decidimos la dirección de nuestro movimiento, cuando en realidad, si hubiéramos podido elegir, nos daríamos cuenta de que ni tan siquiera queríamos mojarnos. ¡Qué soberbios!

26 de enero de 2010

LA HORA VEINTICINCO (C. Virgil Gheorghiu)


Virgil Gheorghiu era rumano, nació en 1916 y falleció en 1992 en la ciudad de París, donde residió como Patriarca de la Iglesia Ortodoxa en Francia. Huyó de su país tras la llegada del régimen comunista presidido por Ceaucescu. Escribió varias decenas de libros de todo tipo, pero su gran éxito es sin duda La hora veinticinco, publicada en 1949.
Que a uno le puedan arruinar la existencia, de manera injusta, es más fácil cuanto más pobre y corrupta y menos libre sea la sociedad en que se vive. La Rumanía existente al inicio de la Segunda Guerra Mundial era campo abonado (como gran parte de Europa Central) para la injusticia, el abuso y el genocidio.
Gheorghiu encara la tragedia de la Segunda Gran Guerra desde un enfoque propio de libro superventas. Una historia bien tramada, con recovecos por los que desaparece un personaje secundario que vuelve a escena en el momento más inesperado. Personajes de todas las clases sociales que se ven envueltos de manera irremediable en un desastre sin parangón, cada uno tomando el papel que más le conviene o aquel que le ha tocado en suerte. La condición moral de cada uno sale a flote, sin remilgos ni tapujos, sin convenciones sociales ni urbanidad.
La irracionalidad del conflicto internacional aniquila cualquier atisbo de cultura o esperanza. Es preferible caminar hacia la alambrada y ser muerto por el disparo de un guardián, que sucumbir siendo testigo de la destrucción de todo lo humano.
Pero por encima de todo destaca el personaje principal, al que Gheorghiu coloca como centro de todos los males y padecimientos, llegando en ocasiones a ser protagonista de historias esperpénticas y de situaciones kafkianas. Iohan Moritz es el símbolo, la representación, del sufrimiento de millones de personas inocentes.
A pesar de la dureza del trasfondo, en ocasiones el autor recurre a la ironía como manera de señalar el paroxismo de la estupidez humana. Por ejemplo, el final es abrumador.
En fin, que el autor no da puntada sin hilo.

22 de enero de 2010

LA NIETA DEL SEÑOR LINH (Philippe Claudel)


Philippe Claudel nació en Nancy en 1962. Guionista de cine y televisión y profesor de literatura, en la actualidad se dedica exclusivamente a la escritura.
Un viejo y una niña. Las dos representaciones básicas de la debilidad, de la indefensión, los dos símbolos humanos que más piedad despiertan. Si a esto le unimos que se trata de un viejo que huye de un país aniquilado por la guerra, que lo ha perdido todo y que lo único que le queda es un puñado de tierra y una foto, el panorama no puede ser más doloroso y desolador. Y además su nieta de pocos meses.
Pues bien, eso es la novela de Claudel La nieta del señor Linh: tristeza. Tristeza a chorros. Oleadas de tristeza que se estampan contra el lector. Raudales de pena y de tristeza. La soledad, el abandono, la pérdida, la pobreza, el recuerdo. Sólo un puñado de tierra y una foto. Y su nieta. Y envolviendo todo ello, mucha pena y tristeza.
Y es que no se le puede reprochar al autor que nos haga pasar un mal rato porque, aunque nos parezca novelesco y muy fotogénico, hay personas que realmente no viven más que eso: muerte y memoria, supervivencia en el mejor de los casos. No está mal que de vez en cuando, se nos recuerde esto de manera contundente, pues la televisión se ha convertido en la máquina mágica de convertir en trivial todo aquello que aparezca en pantalla, todo.
Utiliza Claudel un narrador omnisciente para ambientar la desgracia que envuelve como un halo al protagonista. Además plasma con agudeza, de forma inteligible y creíble, los diálogos entre personajes de distinta lengua.
El desarrollo de la historia es lineal, sólo en un par de ocasiones el autor interrumpe, levemente y de manera acertada, el hilo de la historia para intercalar una analepsis o un sueño.
La historia provoca tanta pena y tristeza que cuando se percibe un pequeño atisbo de esperanza, no sabemos si alegrarnos por ello o reprochar al autor que no remate la tristeza con tristeza, la pena con pena.
Estupenda novela, exponente claro de un escritor con talento.

16 de enero de 2010

MIRA SI YO TE QUERRÉ (Luis Leante)


Luis Leante es murciano, nacido en 1963. Ha publicado varios libros de relatos y novelas juveniles.
La historia que nos presenta en Mira si yo te querré es flojilla. El paisaje en que se sitúa invita a exigir más de la trama. La España del año 1975, con el trasfondo de la muerte de Franco y el abandono del Sáhara despierta unas expectativas que no se cumplen. Lo fundamental se reduce a un clásico chica conoce chico; chica se enamora de chico; chica embarazada de chico; chica pierde chico; chico se retira del mundanal ruido... Es decir, que comenzamos con un legionario en el calabozo de un cuartel, acusado de traición, oyendo el trajín de los preparativos para emprender la salida del Sáhara y este prometedor inicio se transforma en una historia algo melancólica de amor-desamor.
Se tocan muy de pasada todas las posibilidades que ofrece semejante momento histórico. Incluso las costumbres saharauis quedan levemente esbozadas, a pesar de notarse la clara intención del autor de usar a este pueblo como trasfondo del argumento. Da la impresión de que se han cortado pasajes del texto.
La novela se lee con comodidad. El lenguaje usado por Leante es directo y fluido, con pocas metáforas y con descripciones ligeras engarzadas en el propio desarrollo de la historia. Además juega con el tiempo de manera muy correcta y precisa, logrando que a pesar de los vaivenes, de las idas y venidas en el tiempo, el lector nunca pierda el hilo de la trama. Esto da idea de un escritor que maneja con soltura la técnica.
Estamos ante una novela en la que el estilo y la técnica son muy superiores a la anodina historia que sirve de base al libro. Sólo el excelente final permite recuperarnos (levemente) del sabor a poco que nos deja esta novela y entristecernos (mucho) por lo que, con semejantes mimbres, pudo ser y no fue.

28 de diciembre de 2009

MUERTE DE UNA HEROÍNA ROJA (Qiu Xiaolong)


Qiu Xiaolong, profesor de literatura china en la Universidad de Washington, nació en Shanghai el año 1953 y sufrió en propia carne la represión de la llamada Revolución Cultural, eufemismo usado por el régimen comunista chino para ocultar uno de los grandes genocidios del siglo XX.
La aparición del cuerpo de una joven flotando en un canal de las afueras de Shanghai, es el desencadenante de una interesantísima historia que, con apariencia de novela policiaca, nos desvela de modo inmejorable la situación real de los ciudadanos de la China comunista, puesta al descubierto tras la apertura económica liderada por Deng Xiaoping.
Las infraviviendas de una habitación como algo habitual, la desidia en que se mantiene la actividad cultural china, intelectuales mal pagados y peor vistos por el entramado estatal, la supuesta entrega desinteresada de los trabajadores pertenecientes al partido comunista, los vecinos que subsisten como confidentes de la policía…
Con gran capacidad descriptiva, Xiaolong nos relata la historia mediante personajes bien definidos, de perfiles contundentes. Personajes que son prisioneros de unas circunstancias bien plasmadas por el autor y por tanto fácilmente comprensibles por el lector. En resumen, la hipocresía de la ideología política en contraste con la honrada rectitud de quien pretende seguir el credo ideológico asimilado desde pequeño, mezclado todo ello con la llegada de una nueva generación, bien preparada, que transgrede las normas imperantes durante décadas y se sitúa al borde de la legalidad.
Trasfondo político aparte, el autor nos guía por la ciudad, conociendo de primera mano la forma de disfrutar la vida de sus habitantes, paseando por sus calles y comiendo la verdadera gastronomía china.
Guardo un buen recuerdo de la lectura de esta novela.

18 de diciembre de 2009

LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS (Paolo Giordano)


Paolo Giordano nació en Turín en 1982. Con La soledad de los números primos, su primera novela, ha conseguido un increíble éxito internacional.
Al comenzar la lectura, los dos primeros capítulos parecen ser sendos relatos independientes; cuentos que el autor escribió en su día y de los que parte para tejer una historia que comienza en dos puntos distantes que convergen en la trama central.
Hasta la mitad del libro da la impresión de ser una novela sobre adolescentes, con la crueldad y la tristeza como constante trasfondo de la narración. Por fortuna el autor acierta continuando en el tiempo la historia de los personajes, cuyo perfil psicológico está muy conseguido y los paisajes en que aquéllos se mueven se presentan con pericia e inteligencia.
Giordano hace que entremos en situación, usando un narrador cuasi omnisciente que deja a la interpretación del lector algunos detalles que parecen de gran trascendencia. Es verdad que la tristeza “vende” mucho, pero es de justicia señalar que el autor de esta novela sabe usar las descripciones y los diálogos, siempre bien ajustados a los personajes, para hacernos sentir. Tan pronto nos metemos en la piel de los sufridos protagonistas como nos alejamos racionalmente de sus posturas ante la vida.
Grata sorpresa ha sido comprobar que un éxito de esta envergadura, sin ser una obra maestra, no sólo se debe a la eficacia del negocio editorial sino que está soportado por el talento y el trabajo de un joven científico aficionado a la literatura.

12 de diciembre de 2009

LAS AVENTURAS DE WESLEY JACKSON (William Saroyan)


¿Qué derecho tiene nadie a robarle la vida a otro? La guerra es muerte no sólo porque la gente se mate entre sí, sino porque no te permiten disponer de tu propia vida. La guerra es lo mismo que morir porque no te permiten disfrutar de la vida, incluso antes de haber ido al frente. No te permiten vivir. Si lo pensamos un instante, eso también ocurre cuando no hay guerras, no es asunto para dejar sin atender.
El profundo optimismo de Saroyan se desparrama por las páginas de esta novela. La bondad, el amor, la amistad y la esperanza impregnan el relato sin quitar el protagonismo que les corresponde a la maldad y la desgracia, siempre presentes en la vida.
Un joven soldado de diecinueve años que no tiene a quien escribir, envía una carta a la catequista que le dio clases de religión en la parroquia de su barrio cuando era niño. Es el comienzo de esta historia. Este ser solitario nos relata su trayectoria desde que se alista en el ejército. Le ocurren innumerables aventuras, encadenadas de manera magistral mediante la aparición de sucesivos personajes que se convierten en sólidos eslabones que soportan a la perfección la estructura de la novela. No cabe duda de que William Saroyan es un narrador extraordinario, otra prueba de ello es la capacidad que demuestra para hacer verosímiles algunas de las escenas que aparecen a lo largo del libro, que siendo de una gran originalidad nos dejan un mensaje impreso que las hace plenamente creíbles.
Narrada con un tono llano, a veces dando la sensación de simple, y un lenguaje sencillo, el autor logra alcanzar en muchos momentos una profundidad apabullante. Saroyan hilvana una novela redonda, divertida, emocionante y tierna. Toda una terapia para ayudarnos a creer en la persona que vemos caminar por la acera o en la que detiene el coche cuando el semáforo está en rojo: en el ser humano.
El ejército de Estados Unidos encargó a William Saroyan una novela que levantara el ánimo de las tropas durante las diferentes campañas de la Segunda Guerra Mundial. Está claro que el organismo pertinente desconocía el firme pacifismo del escritor. La novela fue rechazada. No es de extrañar si en ella aparecen diálogos como este: “…/… Los seres humanos no se matan unos a otros. Ahora mismo el uniforme que llevas te convierte en un hombre que cualquier día puede apuntar a otro hombre con un fusil cargado y apretar el gatillo. Los seres humanos no hacen eso. Los seres humanos no piden a otros seres humanos que hagan eso. No se obligan unos a otros a hacer eso. Los seres humanos no se asustan unos a otros constantemente, cagándose de miedo; sí cagándose, joder, porque todo es una mierda.”
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