11 de noviembre de 2010

AMERICAN PSYCHO (Bret Easton Ellis)


Bret Easton Ellis nació en 1964, en Los Ángeles. Fue encuadrado en un artificioso grupo de elegidos denominado Generación X, nombre tomado de la novela homónima de Douglas Coupland, que por cierto leí en su momento y de la que sólo me queda el recuerdo de unos protagonistas muy jóvenes trabajando en Japón en el sector de la publicidad. No me desagradó aquella lectura.
Con un narrador protagonista en primera persona, Bret Easton Ellis plantea una historia directa. Hecho tras hecho. Acto tras acto. Los acontecimientos se suceden sin descanso. El lenguaje es directo, con frases cortas y diálogos muy ágiles, desordenados en sus réplicas y a veces sin sentido aparente aunque definidores del tipo de gente que protagoniza la novela. Estos diálogos son la munición más letal que Ellis usa para criticar a la élite de aquella época, finales de los ochenta, en la que el dinero ejerció una atracción sin precedentes sobre toda una generación de jóvenes que querían ser millonarios antes de cumplir los treinta. Eran admirados y respetados. De hecho, apostaría a que si hoy volvieran a surgir ese tipo de jóvenes, también serían muy respetados y admirados. El dinero y el hombre no cambian.
De todo aquello, algo queda. Como algo queda de la trasgresión musical de Elvis en los años cincuenta, del movimiento jipi de los sesenta o incluso de la tradición romántica del siglo XIX. Somos caracteres producto del constante cúmulo de restos de nuestra cultura.
Ellis hace de la novela un continuo alarde de inteligencia. La importancia del título es, tal vez, el mejor ejemplo.
American Psycho:
Sólo con el título el lector tiene la información fundamental: el protagonista es un asesino. Incluso antes de matar a nadie, cualquier mención que haga de un miembro u órgano humano almacenado en su frigorífico, no provocará extrañeza en el lector.
El autor narra una historia comenzada tiempo atrás. El lector se incorpora a ella en plena marcha.
Maniático de la moda y de la ropa cara, Patrick Bateman reconoce la marca del vestuario de todos aquellos que le rodean o se cruzan con él. De hecho, una característica de la novela es el detalle minucioso que continuamente hace el protagonista del vestuario de los personajes.
El culto al cuerpo también es llevado al extremo. Varias horas diarias de gimnasio y el cuidado y aseo de la piel, la manicura, rayos “UVA”, peluquería… El paraíso de la apariencia: soy joven, tengo dinero y soy guapo, ¿quién me supera?
Hasta casi la mitad del libro, Easton Ellis consigue plasmar la locura contenida del protagonista y poco a poco introduce su cara más tenebrosa y sádica. El detalle con que cuenta el protagonista sus estados de ánimo, unido a sus reacciones físicas, fisiológicas, consigue que el lector se haga una idea clara del estado mental del protagonista.
American Psycho se publicó en el año 1991. El momento justo. Su éxito fue atronador.
El relato es aterrador en determinados pasajes. Explícito siempre, tanto en las escenas de sexo como en la narración de los crímenes. La violencia narrada de manera tan expresa, no trata más que de transgredir los parámetros estéticos y narrativos del momento. Hoy ese debate está más que superado, precisamente porque entonces, en la fecha de publicación de la novela, se mantuvieron enfrentamientos agrios y violentos. Estos pasajes en el tramo final de la novela son de tal dureza, que su lectura se hace difícil.
Por ejemplo: unas páginas después de relatar la tortura, vejaciones y asesinato de dos chicas, vienen veinte páginas de ágil pero frívolo diálogo a tres bandas sobre qué restaurante elegir para hacer una reserva para la cena. Es decir, que el lector aún no se ha recuperado de las traumáticas escenas cuando es devuelto al hedonismo más superficial e inofensivo. Ellis lo introduce en la piel del psicópata. No es agradable, pero resulta admirable la pericia con que el autor lo consigue.
El caos mental del protagonista llega a su cenit en plena ebullición del mencionado tramo final. Aquí ocurre algo muy interesante: el narrador protagonista en primera persona pasa a ser, sin solución de continuidad, narrador omnisciente en tercera persona.
… la descarga de adrenalina me hace jadear y sólo consigo avanzar unas cuantas manzanas de casas, en parte debido al pánico que me domina, pero fundamentalmente debido a la sangre, sesos, trozos de cabeza que cubren el parabrisas, y apenas consigo evitar el choque contra otro taxi en la esquina de Franklin –¿es Franklin?– con el Greenwich, torciendo violentamente hacia la derecha, y paso rozando el costado de una limusina aparcada, luego meto marcha atrás, avanzo chirriando por la calle, conecto los limpiaparabrisas, dándome cuenta entonces de que la sangre del cristal está por dentro, por lo que intento limpiarla con la mano enguantada y avanzo rápidamente y casi a ciegas por el Greenwich hasta que pierdo el control por completo y el taxi se desvía y alcanza una tienda coreana, cerca de un restaurante karaoke que se llama Lotus Blosoon en el que había estado con unos clientes japoneses, mientras el taxi derriba los estantes de fruta, atraviesa una pared de cristal, el cuerpo del cajero choca contra el capó, Patrick trata de meter la marcha atrás, pero no entra, se baja del taxi, se apoya en él, sigue un silencio en el que se impone el nerviosismo.
–Buena la has hecho, Bateman –murmura, mientras sale cojeando de la tienda, mientras el cuerpo del capó se queja, agonizando, Patrick no tiene ni idea de dónde ha salido el policía que se le acerca corriendo desde el otro lado de la calle y grita algo por un transmisor portátil, creyendo que Patrick está aturdido, pero Patrick le sorprende echándosele encima antes de que el policía pueda sacar el arma y los dos caen juntos en la acera…

Un par de páginas después vuelve el narrador protagonista en primera persona, tal como desapareció.
… saludando con la cabeza a Gus, “nuestro vigilante nocturno”, firma y se dirige al ascensor, a las plantas superiores, hacia la oscuridad de su piso, recupera por fin la calma, seguro en el anonimato de mi nueva oficina, capaz, a pesar del temblor de manos, de coger el teléfono inalámbrico, mirar mi Rolex, exhausto, y los ojos caen sobre el número de Harold Carnes, marco lentamente la siete cifras…
En American Psycho, los personajes no reconocen a nadie. Toda la novela se la pasan equivocando nombres y preguntándose si aquel que entra en el restaurante es Mengano de la firma Tal & Tal o si ese de la barra es Fulano de Cual & Cual.
En la selva nadie conoce a nadie. Desaparecer y ser olvidado. Sólo se recuerdan las tarjetas de visita.

25 de octubre de 2010

TODO ARRASADO, TODO QUEMADO (Wells Tower)


Wells Tower, nació en Vancouver (Canadá) el año 1973 aunque desde pequeño vive en los Estados Unidos. Ha publicado sus relatos en diversos periódicos y revistas y ha ganado importantes premios.

Con el ascensor nació una experiencia sin parangón y una nueva forma de comunicación: las conversaciones de ascensor. Es decir, comunicarse con una o más personas compartiendo un ridículo espacio durante breve tiempo, sin tener posibilidad de rectificar la posición para recuperar la intimidad del aura.
Las conversaciones de ascensor se entablan porque las personas agrupadas, invadiéndose el espacio vital mínimo, se provocan cierto malestar. Hay que distender esa violenta situación y para ello se inicia una conversación sin un sentido claro, ni falta que hace. Pero se inicia con un motivo de fondo, que es el fundamento esencial de este tipo de charlas: importa un pimiento el interlocutor, importa un pimiento. No interesan ni su opinión ni su manera de ver las cosas. No interesan su cara, su ropa ni su vida. Sólo se desea que el cansino ascensor llegue de una vez al piso que se ha pulsado.
Esta reseña se sostiene sobre el mismo fundamento que las conversaciones de ascensor: el libro que se trata en esta entrada me importa muy poco. No me importan nada los temas que toca; me dan igual los paisajes y personajes de sus historias; no me interesa el lenguaje que usa y la técnica narrativa no muestra nada nuevo.

Ahora imaginen un lector perdido en la Casa del Libro. No tiene claro cual será su próxima lectura. Hojea libros para ver qué compra. Entre sus manos tiene Todo arrasado, todo quemado y en la primera página lee lo siguiente:
Bob Munroe se despertó boca abajo. Le dolía la mandíbula, los pájaros matutinos aullaban y tenía los calzoncillos bastante sucios.
Unas líneas más abajo:
Ahora estaba rodeado de migas: debajo del pecho desnudo, metidas en los pliegues sudorosos de los hombros y el cuello, aunque notaba que la más grande y la peor de todas la tenía dentro de la raja del culo, como si alguien hubiera disparado ahí una flecha de sílex.
¿Pájaros matutinos? Los pájaros sólo son. De todo el día. ¿Es el gallo un pájaro matutino?, ¿el gorrión?, ¿el mirlo? No sé de ningún pájaro que sea sólo de la mañana y caiga fulminado al llegar el mediodía. Y además no aúllan. No aúllan ni metafóricamente: cantan, ululan, pían, gorjean, incluso chillan… O, tal vez, algunos emitan unos horrendos sonidos que parecen aullidos.
¿Dentro de la raja del culo? Tufo a escritura de niñato que no escandaliza ni a las monjas. Se puede describir de modo más elegante y provocador, pero sobre todo de una forma más literaria.
En la primera página aúllan pájaros matutinos y nos planta de golpe una raja del culo. Peculiar uso del idioma que, con toda probabilidad, hará que el lector perdido no compre el libro. Es lo que yo hubiera hecho si no fuese porque es el elegido por el grupo de lectura que frecuento.
Comentado el detalle de la primera página, señalemos que Todo arrasado, todo quemado es un libro de cuentos.
Finales abiertos, temas cotidianos, incluso anodinos, cierta tensión, cortos desvíos de la trama para volver al hilo de la historia. Vamos, que se trata de otro autor que bebe de Carver, Salinger, Cheever...
Tower es un autor joven. Es legítimo imitar el estilo de los clásicos y hacerlo de forma correcta no es fácil. Espero que en el futuro escriba algo que me interese.

19 de octubre de 2010

GRANDES TIPOS (Josep Pla)


Inicio la lectura de Pla con este breve y agradable libro dedicado a personajes catalanes que han dejado huella en la vida cultural de su tiempo, algunos incluso una influencia enorme en las artes a nivel mundial.
Los personajes en cuestión son Arístides Maillol, Salvador Dalí, Isidre Nonell, Antonio Gaudí y Pau Casals.
Es fácil deducir que no se dedica a exponer una intrincada biografía de cada artista ni un sesudo estudio de su obra. No obstante, uno termina el libro con la impresión de que ha aprendido sobre ellos porque, en efecto, ha leído sobre sus vidas y sobre las peculiaridades e influencias artísticas de sus obras. Es curioso. Y es que Josep Pla toca levemente, lo justo, los aspectos típicos de cualquier biografía y se dedica a plasmar con detalle los asuntos más terrenales, los más cercanos a la vida de la persona, esos que despiertan el interés por conocer más de cerca a esos inaccesibles seres superiores.
El lenguaje de Pla embauca. Atrapa al lector con expresiones campesinas, llanas, pero de una profundidad intelectual y de una elegancia sólo asequibles a personas elegidas, dotadas para la escritura. Por fortuna, no se aprecia pérdida de calidad en la traducción del catalán al castellano; cosa lógica tratándose de dos lenguas que conviven desde hace siglos.
Ensayista y escritor de talla superior. Imprescindible.
Ya tengo preparada la que es considerada obra maestra de Pla, El cuaderno gris.

4 de octubre de 2010

TODO LO QUE MUERE (John Connolly)


John Conolly nació en Dublín, en 1968. Es columnista del Irish Times. Vive en Dublín pero pasa parte del año en Estados Unidos (esto en una contraportada de tu propia novela queda muy sofisticado, no he podido resistir copiarlo aquí.)
Hay títulos que deberían estar reservados para las obras maestras. Todo lo que muere es uno de ellos. Sacado de un verso de John Donne, es, de hecho, lo mejor de la novela. Si se añade que la fotografía de la portada es excelente y cumple muy bien su cometido, el libro como tal se convierte en un producto de consumo muy atractivo.

Todo lo que muere.
John Connolly
.
Título y nombre del autor encabezando una fotografía que transmite sobrecogimiento, un interrogante miedoso de lo que, imaginamos, podemos encontrar dentro.
Bien por la editorial. Tusquets.

Todo lo que muere es una novela policiaca. De detectives. Novela negra. Como quiera que se le llame al género en la actualidad.
No soy lector asiduo de novelas de género: vampiros, ciencia ficción, zombies, detectives, tapiceros… El caso es que desde hace tiempo tenía ganas de leer este libro, sin saber en absoluto de qué trataba.
Comienza la historia con un asesinato sanguinario y cruel en extremo. Continúa con un tiroteo a lo Bruce Willis en plenas facultades físicas y enganchamos con el detective Charlie Parker. No sé, no sé. Continúo leyendo.
El protagonista es un antiguo policía, cínico, temerario, que se lleva mejor con la gente del hampa que con los agentes del F.B.I. Es un señor que se hace acompañar por unos asesinos, muy simpáticos ellos, con los que el autor hace que nos encariñemos (porque los sesos desparramados de un malo no son tan desagradables de ver.)
La historia está narrada en primera persona, como los clásicos del género, con esporádicas analepsis que nos mantienen en el hilo de dos historias paralelas. Como no puede ser de otra manera, contribuyen al estilo narrativo las retorcidas metáforas propias de un detective solitario. Nada que se salga de lo común en este tipo de novelas.
La trama que monta Connolly no se puede negar que está muy elaborada. El autor no pretende en ningún momento inventar nada genial ni salirse del esquema clásico de la novela negra, sólo quiere contar una historia, algo truculenta, eso sí, que nos procure buenos ratos de lectura. Lo consigue.
Todo lo que muere es una novela recomendable para cualquier lector que quiera divertirse. Si el lector es aficionado al género policíaco no se arrepentirá de haber dedicado su tiempo de lectura a John Connolly.

27 de septiembre de 2010

EN LA FRONTERA (Cormac McCarthy)


Vuelvo a los dominios de McCarthy, esta vez a los años treinta del siglo XX, a la frontera entre Méjico y Nuevo Méjico, y otra vez, tras leer la última línea, cierro el libro conmocionado.
En la frontera es el segundo volumen de la trilogía de la frontera y, según mi criterio, es mejor novela que Todos los hermosos caballos. Posee mayor complejidad en la trama y mayor profundidad en la historia.
Quedo conmocionado porque McCarthy te hace caminar junto a sus personajes. Ves como se sorben los mocos, como sacuden el sombrero lleno de polvo o como avivan los rescoldos de la candela. Respiras el olor a palo quemado humedecido por el relente del amanecer, hueles el sudor de los caballos y sientes en la palma de la mano el temblor de sus flancos.
McCarthy es el escritor de los detalles ínfimos. A la vez que destaca el gesto más trivial, la mirada más silente, el detalle más prosaico, es capaz de envolvernos en el inabarcable paisaje de la montaña y el desierto, de hacer partícipe de la historia al cielo oscuro y salpicado de la noche.
Al mismo tiempo que nos narra la majestuosa presencia del lobo, el instinto de supervivencia convertido en inteligencia, nos muestra la limitación del ser humano en un medio tan adverso como la naturaleza. Al mismo tiempo que nos presenta personajes con una integridad y una honestidad casi innatas, aparecen en su relato la maldad y el odio más inexplicables. El desprecio de la vida como algo trascendente. Vivir al instante, sin respeto a nada ni a nadie, sin posibilidad si quiera de respetarse a sí mismo. La desesperanza y la tristeza asumidas como algo intrínseco de la propia vida.
La historia que McCarthy nos narra En la frontera es de una belleza espectacular, a ello hay que añadir la cantidad de acontecimientos que el autor narra con su habitual estilo, minucioso en el gesto, conciso en el diálogo y poético en la descripción de los paisajes.
El protagonista de la novela es un personaje solitario que en su deambular se cruza con gente sola y solitaria. Cuando regresa a casa, junto a su familia, lo ocurrido le hace comprender que lo mejor de la vida es la normalidad, que la vida es sólo una sucesión más o menos monótona de hechos triviales e intrascendentes. Que cuando la normalidad es sustituida por lo extraordinario sólo queda enfermedad, violencia y podredumbre.
Al final la soledad.
No obstante, con independencia de todo lo sucedido, al amanecer saldrá el mismo sol para todos, sin distinción.

22 de septiembre de 2010

DIARIO DE UN SEDUCTOR (Sören Kierkegaard)


Considerado el precursor del existencialismo, el danés Sören Kierkegaard (Copenhague 1813-1855) es conocido por su faceta de genial filósofo y ensayista. Personalmente desconocía que hubiera publicado novelas o relatos. Sentí curiosidad por ver qué escribía y cómo escribía ficción.
En la introducción el descubridor del diario nos explica las circunstancias que envuelven el periodo de tiempo que abarca la historia que se nos narra. Nos habla de sus protagonistas, a los que conoció de manera más o menos directa, de sus maneras y comportamiento, ahondando incluso en la enrevesada personalidad del autor del diario. Salvando las distancias, viene a la memoria la entrada del Quijote, donde Cervantes habla de los manuscritos de Cide Amete Benengeli encontrados por él. Es conocida la admiración que Kierkegaard sentía por Cervantes, de hecho en algún pasaje de este libro menciona la Gitanilla.
Una persona muy inteligente, conocida mía, me comentó en una ocasión que el afán desmesurado por acostarse con el mayor número posible de mujeres que tienen algunos hombres, se debe a que han sido incapaces de superar que su última pareja estable los abandonase. Esa manera, casi agresiva, de encadenar distintas relaciones parece más bien una venganza contra ella, contra todas. Misoginia, en fin.
El autor del diario, Johannes, aparte de misoginia supina padece un donjuanismo patológico. La manera de seducir de Johannes, manera poética y original, consiste en hacer de la dama en cuestión alguien totalmente entregada a sus deseos. Cuando el seductor sabe que la víctima es capaz de abandonarlo todo por él, es cuando la deja, sin que aquélla pueda reprochar ni exigir nada pues nada se le prometió ni se le exigió.
Seducir a una muchacha no es un arte, pero sí lo es, ¡y cómo!, saber encontrar a una muchacha que merezca la pena ser seducida.
A pesar del lenguaje romántico, de las situaciones “amorosas” que hoy nos parecen cómicas e infantiles, es curioso observar cómo el inicio de las relaciones entre hombre y mujer sigue teniendo las mismas bases.
En alguna ocasión expone reflexiones genéricas, nada rigurosas, tan sólo como mera diversión, sobre el condicionamiento sexual o la evolución social del hombre y la mujer. Por tanto, la recurrente discusión sobre mujeres contra hombres no es nueva.
Lo que en un principio sólo parece el relato del comportamiento infantil de la seducción de la época (visto desde hoy), acaba convirtiéndose en una interesante intriga provocada por la frialdad del protagonista controlando su deseo de hacerse atractivo a Cordelia, objetivo de sus estratagemas.
El cruce, la intervención de otros personajes y la complicación en la que se mete el protagonista para llevar hasta “buen fin” su plan meticulosamente diseñado, redondean la historia, que a pesar de la narración a modo de diario consigue mantener al lector en el hilo de una amena aventura. Entretenida narración llevada hasta el final de manera ingeniosa.

15 de septiembre de 2010

PLAGA DE PALOMAS (Louise Erdrich)


Louise Erdrich nació en Minessota, en 1954. Ha publicado varias novelas con las que ha obtenido varios premios y éxito de crítica. De hecho, esta novela se vende con una faja en la que con letra resaltona se exhibe un insuperable elogio de Philip Roth.
Un acontecimiento criminal ocurrido en 1906 es el aparente eje alrededor del cual el lector puede deducir que va a girar la novela. Pero resulta que Erdrich divide la novela en varias partes, no todas ellas necesariamente conectadas al incidente, y si la autora tenía intención de mantenerlas enlazadas no lo consigue.
Se nos narran las peripecias de los personajes involucrados de una u otra manera en aquel desgraciado suceso. Al tiempo de narrar la historia, los personajes que no han fallecido son ancianos que llevan toda la vida conviviendo con los descendientes y familiares de los demás actores del hecho. Cada cual narra lo que buenamente le conviene recordar. Nadie es culpable. Sólo cosiendo las distintas historias provenientes de las distintas memorias puede verse que, en realidad, nadie es inocente.
Erdrich, a continuación se embarca en la narración de las aventuras vividas por los antepasados de estos honrados criminales y de sus inocentes víctimas para fundar el pequeño pueblo en el que vive esta gente. Y es que la Historia (con mayúscula), aún tratando hechos sin amplia repercusión, es un hilo sin cortes que nos involucra a todos por igual con independencia de los actos del presente.
A partir de aquí no entiendo nada. La autora nos cocina una empanada de tal calibre, que ante el desconcierto que le sobreviene al lector, éste continúa leyendo para ver si el asunto acaba teniendo algún sentido.
Así pues, la novela que tiene un comienzo estimulante y atrayente acaba convirtiéndose en una larga divagación desordenada y difusa de los personajes narradores, que de manera arbitraria van apareciendo a lo largo del relato. En el último tercio de la novela el lector se ve envuelto en una vorágine de acontecimientos, vivencias y frustraciones de los personajes para los que no ha sido preparado en ningún momento de la historia, rompiendo así la armonía de la narración.
Probablemente mi cortedad intelectual me impide entender el significado y alcance de esta obra. Porque si Philip Roth dice que es una genialidad de novela, que alguien me diga quien es el valiente que apuesta por mi criterio.
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